El cine es escuela

Por Roxana Pey

El proyecto “Cero en Conducta”, tiene como etapa preparatoria al Seminario Internacional “El Cine es Escuela”, y como referente principal a la Obra de Alicia Vega, captada en la preciosa película de Ignacio Agüero, “Cien niños esperando un tren”. Es un referente también, y muy central, la Obra de Alain Bergala y su libro “La hipótesis del cine, pequeño tratado sobre la transmisión del cine en la escuela y fuera de ella” que recoge esa impactante tarea educativa francesa de la mano del ministro francés Lang y del propio Bergala.

Cine y educación, con la conjunción “y” entre medio como un reconocimiento que confiere igual importancia tanto al cine como a la educación, pero más aún, una conjunción que busca enlazarlos hasta hacerlos sinónimos: El cine es escuela, terminamos diciendo.

El Cine pone al sujeto en movimiento, de elección, de disposición, de ataque, de tal manera que es escuela.

El cine nos ofrece una ventana al espacio y al tiempo, una posibilidad para la construcción de una mirada, para el gesto político de construcción de un punto de vista. Ventana que da al mundo y que lo crea también. El Mundo, sí, pero subvertido.

Viajar, navegar, vivir. Penetrar en otras vidas: Un aprendizaje emancipado que se produce, como advierte Bergala “en la lectura y el tiempo diferenciado de cada espectador y en las relaciones que él consigue establecer al ver películas, o al ver fragmentos” .

Viajar por caminos, desvíos, atajos, de tú a tú, como “salvación personal” que constituye, y caminos al otro como experiencia de la alteridad. Para Jack Lang, el arte en la escuela es el encuentro con la alteridad. Caminos de imaginación, intuición y deseo. De creencia y duda. De lo oculto y lo develado. De territorios presuntivos. De confianzas, al fin. Un camino para perder las certezas, valiente y confiadamente.

El cine es escuela, solo si el cine es arte, y solo si, en todo momento se sitúe al en el territorio de las Humanidades.

Su estructura, la del cine, tiene semejanza al ensayo. Es problemático, dubitativo, digresivo e inconcluyente al tiempo que carece de fuerza demostrativa y probatoria.

En el Cine se trata más bien de pensar, que de conocer. Y es esto mismo lo que le confiere una eminencia en la educación. Porque si bien permite conocimiento, opera en el indeterminado campo de las humanidades, donde lo humano no es un mero dato, lo humano es el problema.

La educación y el cine, las artes y las humanidades, y esto queda reafirmado con los resultados de la ejecución de este proyecto, que debieran contribuir con determinación al desarrollo de ciudadanos con horizontes ampliados, a la construcción de ciudadanía emancipada. Contribuir a la profundización de la democracia, ese proceso interminable que es solo posible al pensar más allá de la propia existencia, al interesarse por otras vidas y su espesor histórico, al abrirse a la complejidad del mundo y de la existencia, al dejarse afectar por lo diverso y comprenderlo.

No hay mejores ni peores. Somos todos iguales enfrentados a una obra. Fuimos todos iguales en los talleres de “Cero en conducta”. Hay igualdad en la capacidad de encuentro directo frente a las obras. Obras que se nos escapan como objetos de lectura pues no son plenamente decodificables.

Es lo que experimentamos los estudiantes y los talleristas durante esta experiencia.
Humanidades, artes, cine, educación; su único indicador es incalculable, es lo humano mismo.